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Retrato de un día triste en mi vida

2026 / Acuarela y acrílico sobre papel de algodón / 76 x 54 cm

En esta obra, me represento a mi mismo, recurriendo a la figura de un niño como vehículo para abordar una experiencia de pérdida profundamente personal. El retrato, frontal y directo, elimina cualquier posibilidad de evasión: el espectador es confrontado con una expresión donde convergen rabia y tristeza. Su rostro y su gesto corporal. Los puños apretados refuerzan la tensión interna, sugiriendo un estado de contención donde el dolor no encuentra una vía de escape. En su mano derecha sostiene una correa de cuero rojo vino, elemento central en la construcción simbólica de la obra. Esta correa remite a Frida, mi perra y compañera durante trece años, cuya ausencia activa el núcleo emocional de la pintura. Más que un objeto, la correa funciona como una presencia que persiste a pesar de la pérdida, cargada de memoria y afecto. Sobre su hombro derecho se posa una polilla, motivo recurrenteen mi obra, que introduce una dimensión simbólica vinculada a la muerte y la transformación. Su presencia no irrumpe, sino que se integra silenciosamente en la escena, como una manifestación que desaparece. Aunque no se representa explícitamente, hay una sensación latente de humedad en el cuerpo del niño, como si acabara de atravesar la lluvia. Este elemento, sugerido más que mostrado, intensifica la atmósfera emocional de la obra, reforzando la idea de un duelo íntimo. Retrato de un día triste en mi vida no es solo una evocación autobiográfica, sino un ejercicio de traducción emocional desde el cual habito el dolor con mayor honestidad.