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Casa número 24

2026 / acrilico sobre lienzo / 90 x 60 cm

El número veinticuatro aún existe, aunque la casa ya no sea la misma.

Esta pintura reconstruye la vivienda de mis abuelos en Venezuela, un lugar donde aprendí que los recuerdos tienen una arquitectura propia. No pretende ser una representación fiel, sino la forma en que ese espacio persiste en mi memoria.

Mientras la fachada permanece iluminada por el día, el interior vive suspendido en la noche. Dos tiempos coexisten dentro de la misma casa, como ocurre con la memoria: el presente nunca consigue desplazar por completo aquello que permanece vivo en nosotros.

La ligera inclinación del comedor rompe cualquier ilusión de realidad. La casa parece deslizarse lentamente, como si estuviera sostenida únicamente por el recuerdo.

Entre los objetos cotidianos aparece Frida, mi perra, ya fallecida. Su presencia no responde al tiempo histórico, sino al afectivo. En este lugar, quienes amamos nunca terminan de irse; simplemente continúan habitando las habitaciones donde fueron felices.