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Dos placeres a María

2026 / Acuarela sobre papel de algodón / 76 x 54 cm

En diálogo directo con el universo narrativo de Gabriel García Márquez y en continuidad con mi pintura titulada María dos placeres, esta obra propone una relectura simbólica de Noi, el perro que acompaña a la protagonista de una de las novelas del escritor, trasladándolo al cuerpo de un hombre. La figura masculina, situada en un espacio íntimo y posterior al encuentro físico, se presenta como una extensión emocional del personaje de María: no solo su compañía, sino también su reflejo y su testigo. El hombre aparece en un momento de aparente reposo que, sin embargo, está atravesado por una inquietud latente. Los dos cigarros que sostiene, uno apoyado en la mano que descansa sobre su pierna, el otro cercano a su boca introducen una dualidad gestual que revela tensión interna. Lejos de la calma que podría sugerir la escena, la postura y sus manos hablan de una angustia. Esta duplicidad remite al propio título de la obra: dos placeres que no logran reconciliarse del todo. El placer físico, inmediato, y el placer más complejo de la compañía, del cuidado y la lealtad. En este sentido, la figura encarna a Noi, el perro entrenado por María para llorar su muerte, pero también al guardián silencioso de su existencia. Es una presencia que habita entre lo instintivo y lo profundamente humano. La obra se sitúa, entonces, en un territorio ambiguo donde el afecto se mezcla con la dependencia, y donde la preparación para la muerte convive con la persistencia del deseo.