María dos placeres
Inspirada en el universo literario de Gabriel García Márquez, esta obra propone un retrato íntimo y profundamente humano de una mujer en el ocaso de su vida. La figura, recostada sobre la cama y apenas cubierta por una sábana, se sitúa en un umbral ambiguo entre lo físico y lo emocional, entre el deseo vivido y la inevitable conciencia del paso del tiempo. El gesto de su cuerpo sugiere una escena posterior a la intimidad. Una mano sostiene la sábana en un intento sutil de resguardo, mientras la otra, con un cigarro encendido, introduce una pausa hecha para la reflexión. Su mirada, dirigida frontalmente al espectador, es el núcleo de mi obra. En ella conviven una leve satisfacción y una profunda resignación. No hay dramatismo exagerado, sino una aceptación silenciosa: la del cuerpo, del tiempo y de las decisiones que han marcado su vida. Más que un retrato, la obra funciona como una muestra incómoda donde convergen erotismo de una persona de edad mayor y la resignación. La figura de María no es solo un personaje, sino una presencia que interpela, que resiste ser reducida a una sola emoción.